PARROQUIA JESÚS OBRERO
 

 

ADVIENTO

 

 

 

I Domingo Adviento (Ciclo B)

 

 

El comienzo del adviento y la Palabra de Dios nos hacen una invitación: “Estén despiertos”, “Estén vigilantes”, cumpliendo la tarea que les ha encargado su Señor.

No se duerman porque el Señor vendrá, sólo que no indicará el momento.

Estar despiertos y vigilantes es una actitud de fe. Estar seguros de que el Señor vendrá, aunque parezca que tarda, aunque haya muchas injusticias, aunque parezca que el Señor se ha olvidado y no viene.

La Palabra nos recuerda: no duerman, vigilen, cumplan fielmente la tarea porque vendrá el Señor.

Es verdad que a veces parece que no hay esperanza, que las cosas no van a cambiar. Pero la fe nos dice que vendrá el Señor y hará justicia y todo está en sus manos. No pierdan la esperanza.

Tener fe es vivir con esa seguridad de que el mundo y nuestra vida está en manos de Dios, y el pondrá las cosas en su lugar y vendrá trayendo justicia.

 

Esa fe se muestra en una actitud de oración. El que está despierto y esperando al Señor, ora. La primera lectura es una oración: “ojalá, rasgases el cielo y bajases”. Ante los sufrimientos y dificultades de la vida: oren. Oren sin desanimarse, oren insistentemente. Presenten ante Dios todos los sufrimientos del mundo, que Él escucha. No se olvida.

En la Misa presentamos todo el clamor de la humanidad a Cristo que se entrega por nosotros.

La espera del Señor, la vigilancia no debe ser por temor. Estar ahí, por si me agarra. No. La espera debe ser por amor. Si quiero a alguien, estoy deseando verlo ¿verdad?

Si quiero a alguien, no me es indiferente que llegue ¿no?

Si quiero a alguien, le soy fiel aunque no esté delante. Pues con el Señor es igual. Le esperamos vigilantes, orando, velando, cumpliendo la tarea, porque le amamos, no porque le tememos.

El amor nos mantiene preparados, en vela y haciendo la voluntad de Dios.

En definitiva, hermanos, este es un tiempo para creer en Cristo, para tener esperanza, a pesar de que humanamente todo parezca sin salida. El que tiene esperanza puede todo.

 

“Una vez un predicador en un retiro nos dijo: imaginen un embrión en el seno de su madre y no sabe donde está, no sabe lo que espera al nacer, no puede imaginar la vida nueva que tendrá cuando nazca. Sin embargo, esa vida existe!”

 

Tampoco nosotros podemos creer en un mundo nuevo, mejor, pero Cristo ha prometido su venida y que esto acabará bien. Ese mundo existe.

Esto es el Adviento: Renovar la fe y la esperanza en el Señor. Vivamos este tiempo despiertos y en oración. 

P.Pepe



II Domingo Adviento (B)

 

 

En un momento de la historia, descrito con detalle en el evangelio, siendo Poncio Pilato virrey… En un momento de la historia, un hombre de Dios, escucha la Palabra de Dios. Intuye que el Mesías está cerca, que las promesas se han cumplido, que ha llegado ya el tiempo del cumplimiento de las promesas.

Y esa voz de Dios la intuye Juan el Bautista, desde el desierto. En el silencio, en la austeridad, apartado de todos, allí donde no hay el ruido interior de las pasiones y deseos de poder. Allí le habla Dios.

Y a nosotros, hoy día, en este año, ante la próxima llegada de la Navidad, también se nos habla hoy día de la conversión.

Se nos dice: prepara el camino del Señor. Allanen los senderos, eleven los valles, desciendan los montes, enderecen lo torcido… Está llegando la salvación.

¿Escucharemos nosotros?

¿A quién escucharemos? ¿A Dios o a las otras voces?

¿Seguirá todo igual en nuestra vida esta navidad?

Hay muchas voces: hay voces interiores que nos invitan a pasarlo bien y olvidarnos de los demás.

Hay voces exteriores que nos llaman a la violencia, al resentimiento del pasado más que mirar al futuro y trabajo.

Y está la voz de Dios. Pero para escuchar la voz de Dios debemos callarnos, silenciarnos, dejar que hable, que nos dé su mensaje.

Primero escucharlo.

Segundo seguir esa voz.

¿Qué nos está pidiendo para recibirlo esta navidad?

En cada uno de nosotros hay un proyecto de Dios, un hombre nuevo “que tiene que ir saliendo a lo largo de nuestra vida. Dios quiere sacar de nosotros lo mejor de nosotros mismos y estos tiempos de Adviento y Navidad, son oportunidades para ir sacando ese hombre nuevo.

 

“Cuentan que el gran Miguel Ángel se quedó absorto ante un bloque de mármol. Su acompañante le dijo:

Miguel Ángel, ¿qué haces?

Estoy viendo un ángel y tengo que sacarlo de ahí.”

 

El adviento, la navidad, quieren sacar de nosotros lo mejor. Sacar un ser humano nuevo. Un ser humano que está ahí, pero a veces no se ve porque estamos demasiado hechos a este mundo.

Pongámonos a escuchar a Dios en serio.

Dejémonos de escuchar otras voces y nos iremos convirtiendo en lo que somos de verdad: personas hechas para escuchar a Dios. Que no somos felices sino en Él.

Preparemos el camino al Señor en nuestra vida. Dejémonos que Dios saque lo mejor de nosotros mismos.





III Domingo de Adviento (B)

 

 

Un mensaje de alegría recorre todas las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo.

La 1ª lectura del profeta Isaías habla de un enviado a dar Buenas Nuevas a los que sufren. Ese enviado desborda de gozo y se alegra porque ha sido vestido con traje de gala como un novio.

El salmo proclama la alegría de María por ser elegida entre todas la mujeres.

San Pablo en la carta a los Tesalonicenses nos dice: “estén siempre alegres”.

Y en el Evangelio, Juan Bautista proclama la presencia en medio del pueblo de uno al que conocen pero cuyas sandalias no es digno de desatar.

¿Alegría? ¿Por qué? ¿Hay razones para la alegría?

Evidentemente no es por una Navidad consumista, de puro regalos, comida y bebidas, porque la mayoría de las familias pobres no pueden gozar por la desigualdad en la que vivimos.

¿Qué alegría se anuncia?

La alegría de la presencia de Cristo en el mundo. Cristo está en medio de nosotros, aunque muchos no le conocen. Cristo está caminando con nosotros, junto a nosotros.

¡Qué alegría sería que en tu familia le abrieran las puertas a Cristo!

¡Qué en tu familia hablaran de los problemas que han tenido, que se reconciliaran y comenzaran de nuevo.

¡Qué decidieran orar en la familia esta Navidad! Pedirse perdón. Dar más importancia a estar unidos que a la plata.

¡Qué gran alegría que en tu familia decidieran ayudar a un pobre esta Navidad!

Decidieran quererse, valorarse, servirse unos a otros. Que decidieran dar más espacio a Cristo el Señor. Que vinieran juntos a la misa y se saludasen con la paz.

Esa alegría se anuncia en la Palabra de Dios. La alegría de darnos cuenta que Cristo está en el mundo, pero hay que abrirle la puerta de cada corazón y cada casa.

 

“El párroco del pueblo había encargado un gran cuadro de Cristo. Todos se reunieron por ver la obra. Descubrieron el lienzo y apareció un Cristo hermoso; estaba frente a una puerta y llamaba con delicadeza.

De pronto uno de los asistentes advirtió un detalle y preguntó al pintor. -Señor, ¿Por qué esa puerta no tiene cerradura? El pintor contestó. –Esa puerta representa el corazón de cada uno de nosotros. El corazón se puede abrir desde dentro. Cada uno tiene la llave. Por eso no he puesto cerradura.”

 

De cada uno de nosotros depende tener la alegría del encuentro con Cristo. De cada uno depende responder al Señor y vivir una feliz Navidad.


 

 

IV Domingo de Adviento (B)

 

La Palabra de este cuarto Domingo de Adviento nos pone frente al momento central del cumplimiento de la promesas de Dios, respecto al Mesías.

Dios había prometido al gran rey David, figura central del Antiguo Testamento una casa y un reino eterno, para siempre.

Esa promesa sostuvo la esperanza del pueblo de Israel que unas veces vio que se cumplía, cuando tenía buenos reyes y otra veía que se alejaba, cuando pasaba momentos difíciles. Todo el Antiguo Testamento es la historia de una promesa que tarda en cumplirse y la interpretación de ese retraso.

Hoy, en el Evangelio de San Lucas, hemos escuchado una página central. Dios envía al ángel Gabriel para anunciar el cumplimiento de sus promesas.

Dios ha decidido enviar al Salvador. La promesa se cumple. El niño que nacerá es el Hijo del Altísimo, es el heredero del trono de David su padre, y trae un reino que no tendrá fin.

Y todo esto se le anuncia a una mujer, una virgen de un pueblo sencillo, una desconocida desposada con un descendiente de David.

Ella ha sido la elegida para convertirse en el centro de la historia.

Se hace un silencio: “la Virgen tiene que dar una respuesta al enviado. De esta respuesta depende la salvación del género humano”

La respuesta es: “aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”.

María dice sí a Dios. Un sí para siempre. Una entrega total. Un matrimonio. Un amor incondicional. Esa respuesta es el modelo de toda respuesta. María no sabe todo lo que le va a suceder después. Todavía no imagina la cruz de su hijo. Pero dice sí para siempre.

Una respuesta que revela la debilidad de nuestras respuestas. Tantas veces decimos sí a Cristo por un tiempo pero nos cansamos.

Decimos sí al amor un tiempo pero lo dejamos.

Nos comprometemos, pero unos meses. Venimos a misa, pero cuando no hay otra cosa que hacer.

María, la madre nuestra. María, la que en ese momento representa a la Iglesia entera, a todos nosotros, la figura de la Iglesia, da una respuesta para siempre a su Señor.

¿Y nosotros? Se acerca la Navidad. Se trata de decir sí a Jesús; a Dios que nos envía a su hijo para salvarnos.

Decir sí a Jesús es darle nuestra vida para que la cambie, para que se realice algo nuevo en nosotros. Personas nuevas, Familias nuevas. Países nuevos.

Abramos de par en par las puertas de nuestra vida y de nuestras familias a Cristo.

Que esta Navidad no sea tan sólo una nueva fiesta, sino una nueva vida.


Navidad

 

1) Les invito a mirar la escena del pesebre de Belén y ver ahí el amor infinito de ese Dios que ha querido acercarse a los seres humanos, ha querido caminar con nosotros, compartir la vida y pobreza del ser humano.

Podemos mirar y no ver nada de pura costumbre, de pura rutina o superficialidad.

Hoy les invito a mirar y ver. Mirar y admirarse ante lo mucho que Dios nos ama.

“Un discípulo, tras escuchar una disertación de su maestro espiritual, le dijo: -Maestro, ¿por qué si todos los hombres saben esas cosas, pocos las viven? El Maestro le respondió: -Porque  muchos las saben, pero pocos  las sienten.”

 

Dios nació en Belén, pero ¿lo sentimos? ¿vemos el amor que Dios nos tiene en esa escena del pesebre, de la cueva de Belén?

 

2) Jesús, el Hijo de Dios, el eterno, la Palabra eterna del Padre se ha hecho un niño, se ha hecho un niño pobre, además parece que se ha querido hacer pequeño. Pobre, niño, para llamarnos desde abajo, desde el último lugar. Quiere tocarnos el corazón.

Para recibir a Jesús está la Navidad. Hace falta bajarse, hacerse niños, hacernos pequeños como Él.

Vamos por el mundo con mucho orgullo, con mucha soberbia, con mucha seguridad, con mucha dureza.

Jesús se hace niño, pequeño, pobre, humilde para que nos abajemos.

Es una forma de decirnos que sólo los pobres, los humildes, los niños, los pequeños, pueden recibirlo.

-          Tal vez has cometido errores, te has enojado, has creado mal ambiente en la familia, no te hablas con tus familiares. Bájate de tu orgullo, hazte pequeño, niño. Déjate tocar el corazón por el niño de Belén.

-          Tal vez no llevas buen camino. Bebes, robas, eres violento. Reconócelo. Mira al niño Dios. Sé humilde. Pide perdón. Sé valiente para cambiar. Es Navidad.

-          Tal vez te crees más hombre, más mujer porque gritas, te enojas, te embriagas, te peleas. Reconoce el mal. Sé humilde. Cambia. Es Navidad.

“Había una vez un bandido que fue a matar a un  hombre de Dios. Y Buda le dijo:

-          Antes de matarme, ayúdame a cumplir un último deseo: corta, por favor, una rama de ese árbol.

Con un golpe de espada el bandido hizo lo que Buda le pedía. Pero éste añadió:

-          Ahora vuelve a ponerla en el árbol, para que siga floreciendo.

-          Debes estar loco –respondió el bandido- si piensas que eso es posible.

-          Al contrario –dijo Buda-, el loco ere tú, que te crees poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El verdadero poderoso es el que sabe crear y curar.

 

Los verdaderos hombres y mujeres grandes, no son los que destruyen, sino los que construyen, no son los que golpean, sino los que acarician, no son los que roban, sino los que comparten. No son los que se enojan, sino los que sonríen. No son los orgullosos, sino los que saben respetar a los hermanos. Lo difícil es construir y dar vida. A eso nos llama Jesús desde el pesebre.

Es Navidad… Construye, da vida a tu alrededor.


Sagrada Familia (B)

 

La fiesta de hoy nos invita a contemplar a la familia del pesebre: a María, a José y a Jesús.

Dios quiso que su hijo naciese en una familia y viviese sometido a ella durante unos 30 años.

Una familia pobre, humilde, una familia obediente a la voluntad de Dios; cumplidora de las tradiciones judías.

Hoy escuchamos como ellos iban al templo a cumplir la ley de Dios, a ofrecerle a su hijo primogénito y ofrecerle un sacrificio, dos tórtolas o pichones por ser una familia pobre, si hubiese sido una familia rica, hubiesen ofrecido un cordero o una vaca.

Esa visita al templo fue especial porque aquellas personas de Dios, Simeón y Ana, reconocieron en aquel niño al Mesías, esperado por el pueblo judío.

Esta fiesta nos recuerda a nosotros hoy que la familia es la primera educadora de la vida y de la fe.

La familia tiene una misión querida por Dios: educar personas felices mediante el amor.

Una familia en la que hay cuidado de los hijos, amor, diálogo, respeto y amistad. Una familia en la que un niño se siente amado, se siente seguro, crea niños maduros, felices emprendedores…

La sociedad se comienza a construir solidamente en cada familia.

Una familia en la que hay alcohol, violencia, cada uno va a lo suyo, nadie se preocupa de los demás, golpes, peleas, palabras hirientes, no hay amor, no hay cariño, ni se escucha a los hijos…Está construyendo una sociedad triste, insolidaria ; una sociedad de delincuentes, gente deshonesta. Una sociedad en la que sólo hay frialdad y desconfianza. Lamentablemente entre nosotros hay muchas familias así, más de lo que deberías ser.

La familia tiene una base, un cimiento que es la pareja. La pareja unida en matrimonio, ante Dios. El concubinato no es querido por Dios; es vivir de espaldas a Dios.

La pareja es la base, Hay parejas que no funcionan y la familia no funciona. La pareja tiene que apoyar a los hijos. Los hijos no tienen que resolver el problema de la pareja. Padre y madre son responsables y fundamento de la familia, no son los hijos. Los hijos tienen que cuidar a los padres, especialmente cuando son mayores o están enfermos, pero no son la solución para los padres.

Los padres tienen que ofrecer a Dios los hijos; son de Dios, no de los padres. Como los padres de Jesús le ofrecieron en el templo a Dios, para Dios porque es suyo. El hijo tiene una misión independiente de los padres. El hijo es de Dios.

¿Cuántos padres obligan a los hijos a ser y estudiar lo que les hubiese gustado a ellos, pero no les preguntan lo que les gusta de verdad?

La familia es educadora de la fe de los hijos. La primera misión de los padres es transmitir la fe a los hijos. La familia es la Iglesia doméstica, la Iglesia en cada hogar.

En la familia se habla de Dios, se ora unidos y se participa en el templo, como María, José y Jesús.

¿Cuántas familias viven una vida rica de fe?¿Cuantas familias se sientan a la mesa y hablan de Dios?

  

 

COMER EN FAMILIA

-            “Cada hogar, si quiere volver a ser tal, deberá imponerse el deber de sentarse todos los días a la mesa, por lo menos, una vez al día y, ciertamente, en fin de semana. Todos sentados al tiempo, sin afanes, radio, televisión ni computadora prendidos, sin partidos de fútbol, prensa ni revista que distraigan la atención ni el ritmo de la vida en familia. Todos sentados a la mesa aprendiendo cultura y urbanidad, oyendo las tradiciones familiares, y oyéndose mutuamente lo que cada uno hace, sufre y goza. Allí, sentados a la mesa, se deben hacer las deliberaciones y tomar las grandes y pequeñas decisiones de familia. Así, los hijos aprenden a deliberar y decidir, y a caer en la cuenta de que son importantes en la familia. La  ida en familia da seguridad a los hijos, los aparta de los vicios y de las malas compañías, les ayuda a despejar sus dudas religiosas y morales, les compensa las fatigas del día.

-          Padres de familia: si quieren formar hijas e hijos seguros, libres de todo mal, educados y valiosos, vuelvan a comer en familia”.

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